Hace un tiempo quedé con mi padre y, desafortunadamente, llevaba yo una pequeña marca en el cuello fruto de una noche loca... Mi padre, todo discreción, me mira fijamente y pregunta: - ¿Eso del cuello que es? - A lo que yo contesto despreocupadamente - Sera un mosquito y que me he rascado... -. Dicho esto nos callamos. Él me echó una mirada como diciendo "Te crees tú que me he caido de un quinto" a lo que respondí con una una mirada de "¡Si lo sabes pa que preguntas!"
¡Para que luego digan que no existe comunicación entre padres e hijos!
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

A buenos entendedores...pocas palabras bastan. No hay nada mejor que las palbras que se entienden sin decirse.
ResponderEliminar