martes, 9 de abril de 2013

Porque nos queremos

Ha pasado ya casi un año desde que Dani Bishop y yo vivimos juntos. Vivimos en Múnich en mi anterior apartamento de 45 m2 porque no hay dios que encuentre un alquiler decente. El piso tiene 2 habitaciones: el salón-oficinadedani-cuatodeocio-dormitorio y la cocina. Esto tiene sus ventajas; podemos sentarnos en el sofá sin levantarnos de la cama. Como en el ropero no cabe toda la ropa, tenemos parte almacenada en cajas bajo la cama. Esto es genial, porque donde antes había sólo pelusas ahora hay cajas y pelusas, con lo que hay menos superficie de pelusa. También es genial que la cocina esté en otra habitación. Así cuando llego a casa podemos cerrar la puerta para no ver la pila de platos sucios mientras nos sentamos juntos en el sofá (o en la cama, la barrera que los separa es tan estrecha que a veces nos liamos) a comentar qué hemos hecho durante el día. No nos basta con contarnos qué hemos comido como cualquier pareja normal; acabamos discutiendo de calidad de software o sobre qué canción del "Rock Band 3" mola más. Esto es horrible, porque aunque no os lo creáis, los platos no se friegan solos. No es fácil compartir 45 m2 después de un mal día. Ya sabéis a qué me refiero, uno de esos días en los que todo sale mal, y cuando llegas a casa sólo te apetece esconderte bajo las mantas y esperar que el día acabe mientras te lamentas. Como comprenderéis, esconderse en un piso de 45 m2 es complicadísimo, así que Herr Bishop no tiene que esforzarse demasiado para encontrarme y al final acaba haciéndome reír. Es insoportable. En fin, se salva porque incluso en Alemania es capaz de prepararme el café más delicioso por las mañanas.
Ha pasado ya casi un año y no se si esto durará siempre, nadie lo sabe. Lo que si sé es que nos casamos. Nos casamos porque queremos. Y porque nos queremos.