lunes, 22 de febrero de 2010

Sueño que soy un ave

Sueño. Abro los brazos... pero no son brazos los que responden, sino alas: unas alas fuertes e inmensas; estiro las piernas, pero resultan ser poderosas garras; quiero gritar pero solo consigo articular un graznido aterrador. Huyendo del pánico me precipito al vacío y sueño... sueño que sobrevuelo el monte nevado. El aire helado penetra entre mis plumas clavandose como finas agujas, azota como queriendo arrancarme las alas de cuajo. Una constante lucha por mantener el rumbo, con firmeza... ¡Nunca me había sentido tan viva! Se ve algo alla abajo... una presa. Me lanzo en picado y grazno amenazadoramente... pero apenas un grito ahogado escapa de una garganta entumecida. Con la cara desencajada y ojos desobitados veo unos brazos débiles e insignificantes a cada lado de un cuerpo crispado por el miedo. Sueño... ¿o no?

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